San Sebastián en los pueblos de Almería

Olula del Río, Alicún, Cóbdar, Fondón, Gádor, Instinción, Láujar de Andarax, Lubrín, Níjar, Sierro, Tabernas y Tíjola son algunos pueblos de la geografía almeriense cuyo patrón es San Sebastián. Las formas de celebrar dicha festividad en cada población tienen sus particularidades pero algunos nexos en común. Los panes, las carretillas de fuegos artificiales, las lumbres,…son algunos de estos elementos comunes. El origen de estas tradiciones no está del todo claro, aunque son mayoría los que piensan que tiene mucho que ver con las épocas donde las epidemias de peste y cólera hacían estragos entre su población y las personas más pudientes lanzaban comida y dinero desde los balcones a los pobres para no entrar en contacto con ellos y evitar así posibles contagios. También se cree que guarda relación con la recuperación de las cosechas de cereales después de años de pobreza. En cualquier caso, ya sea ofrenda a los más necesitados o mero cumplimiento de una promesa colectiva por un bien recibido, la tradición, alimentada año tras año, se ha convertido en algo más que un acontecimiento religioso.

Pinchando el siguiente enlace se puede consultar estas tradiciones:

FIESTAS DE SAN SEBASTIÁN EN LA PROVINCIA DE ALMERÍA

Sebastián, hijo de familia militar y noble, era oriundo de Narbona, pero se había educado en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por el emperador, que desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Esta situación no podía durar mucho, y fue denunciado al emperador Maximino quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo.

El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el Emperador, lo amenazó de muerte, pero San Sebastián, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.

Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero el santo se negó rotundamente pues su corazón ardoroso del amor de Cristo, impedía que él no continuase anunciando a su Señor. Se presentó con valentía ante el Emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximino mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.

El culto a San Sebastián es muy antiguo; es invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión, y además es llamado además el Apolo cristiano ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general.

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